CARTOGRAFÍA DEL OLVIDO

 




CARTOGRAFÍA DEL OLVIDO


Te preguntarás por qué el abismo, por qué no vuelve, dónde está. Tras el pocillo de café caliente te responderás que quizá lo habías idealizado. Que ya no volverás a ver aquella risa forzada, aquella mirada de cristal.

Te sentarás en el bar La Paz, en esa esquina de Corrientes que alguna vez fue refugio, y esperarás su inútil regreso mientras el murmullo de la avenida se estrella contra el vidrio. Afuera, los colectivos transitarán como bólidos metálicos, los artesanos ofrecerán sus obras, y las luces de neón parpadearán en las viejas marquesinas.

Tus pensamientos vagarán por el asfalto gastado, por las baldosas que conocen el paso de los agitados transeúntes. Tus rabias se esfumarán tras las nubes de un recuerdo en el que buscarás el abrigo estéril. Divagarás por las mesas vecinas donde los estudiantes debaten teorías vagas, o en los estantes de alguna librería de Montevideo donde coincidían en aquellas tardes felices. No es el lugar donde buscarlo; tampoco donde sobrevivir.

Sus huellas te acompañarán en ensueños baldíos, confundidas con los destellos de los teatros. La ciudad se volverá un mapa de ausencias: cada esquina, cada bar, cada librería será un recordatorio de lo que ya no está.

Escribirás un poema. Allí reflejarás sus aventuras por los bares del centro y tu absurdo trasnochar para encontrarlo en la marea de desconocidos. Repasarás los mensajes, las miradas, los contactos, los besos. Querrás que el espejo del fondo del local te devuelva su figura, pero el cristal gastado no te entregará nada. Solo el reflejo de las persianas bajas de la vereda de enfrente. Cerrarás tus párpados y negarás la esperanza.

La tristeza te invadirá. Querrás desaparecer, morir. Estallar como una pompa de jabón; detener el día para que sea noche y dormir. Te suspenderás en el espacio: serás una nube cósmica sobre la ciudad; una gota de rocío pronta a disolverse en el cemento; una baldosa rota por el paso de la gente; una hoja que vuela sobre el suelo de la plaza.

La ciudad misma te absorberá: Corrientes será un río interminable de luces y sombras; Montevideo, un pasillo de ecos vanos; el Paseo de la Plaza, un páramo de vidrieras de los locales.

Espejismo. Niebla. Estela. Desierto. Todo porque él ya no regresará.


© Diana Durán, 13 de julio de 2026

 

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