EL PATIO INTERIOR

 


Fotografía: Diana Durán

EL PATIO INTERIOR

Miro las flores blancas del ciruelo tras el ventanal. La primavera se anuncia, pero el aire sigue helado, cinco a diez grados que calan hondo. El invierno nunca fue mi estación, pero por suerte el patio me cobija. Mi pequeño invernadero. Suena el timbre: los muchachos que cortan el pasto en la vereda. Les digo que sí por el portero; no tengo máquina ni ganas de ponerme a arrancar malezas. Ese pozo que dejaron al cambiar los caños de agua se va a llenar de yuyos otra vez. Los reclamos de los vecinos, los papeles y la hojarasca que el viento trae desde el parque.

Mientras los escucho trabajar, saco hojas amarillentas del cantero, toco los brotes nuevos. Espero que este año den flor. Las begonias de azúcar resistieron la helada. Mi patio es un vergel: carnosas, potus, palos de agua con distintos tonos de verde se entremezclan. En verano el calor aquí será insufrible, pero ahora es un remanso. Dicen que El Niño ya empezó a sentirse: granizo imprevisto, neviscas extrañas, tardes templadas de veinte grados y cuando el sol baja un poco, el frío irrumpe. Sigo acá, acomodando vasijas, aunque el frescor no me deje sentar en los sillones de hierro a tomar mate o leer.

El cabello. Las primeras canas vinieron con mi hija mayor, y van años y años de teñirme. Esta tarde me pasaré la tintura. Revuelvo la tierra de este cantero para que respire. La maceta de cemento con varios potus quedó perfecta; al podar el ficus trepador las raíces encontraron aire. Por lo menos así no entran los ciempiés. Menos mal que no metí lazos de amor que colonizan todo. Hoy temprano saqué las piedras de viaje de las macetas y las acomodé en el plato de cerámica azul. Tienen otra vista allí. Me recordaron itinerarios pasados.

Miro la escalera hacia la calle. Esos escalones angostos. Cada vez los bajo con más cuidado, afirmándome del caño. A mis hijas les preocupa. El timbre otra vez: terminaron. Tengo que controlar que no me dejen montones de ramas ni bolsas abiertas. Pero antes debería cortar la fruta: arándanos, frutillas, algunas uvas; con eso resuelvo el postre de hoy y mañana.

Quisiera quedarme un rato más en mi patio soleado, pero en el escritorio me esperan las correcciones de los trabajos finales. Aunque no me pagan más por ser exhaustiva, no sé hacerlo de otra forma. Enjuago las tazas rotas que uso de maceta para las suculentas. Cada una es un mapa: la del globo terráqueo que me dieron las chicas de cuarto año; la del hornero, que me compré en una feria; la de guarda geométrica, que ya no recuerdo quién me regaló. Las de cerámica colgantes de Villa Ventana son las más lindas. Este año tengo que volver y alquilar por unos días esa cabaña cerca del arroyo Las Piedras.

Leo la inscripción en una de las tazas: te regalo una estrella para que se cumplan todos tus deseos. Qué lejano suena. Mi único deseo es que mis hijas vengan a tomar el té y sacar la vajilla de porcelana como hacía mamá. Pero las distancias… Cada una armó su vida en una ciudad distinta. Estamos invitados a tomar el té, la tetera es de porcelana…”, tarareo bajito para espantar la melancolía. Mi casa segura y este rincón que armé a mis sesenta y pico, después de tanto andar. Vuelvo los ojos al ciruelo. Quisiera cortar una rama florecida para ponerla en la mesa, pero sé que en el florero no durará ni un día.

Me haría falta otra maceta de barro cocido para agrupar las suculentas, lucen mejor juntas. Los pájaros de madera que tanto me gustan: el tucán colgante, el carpintero en madera de Misiones, los jilgueros de Mina Clavero. No tienen forma de jilguero, pero el artesano me lo juró y me dio gracia creerle.

El timbre insiste, dejo lo que estoy haciendo. Apuro el paso. El pie se me resbala en el borde del tercer escalón. El golpe seco contra el canto, el crac sordo en la cadera y un dolor caliente que me corta el aire. Quedo tendida, inmóvil en el piso frío. Afuera siguen tocando el timbre. A través del vidrio, recortadas contra el cielo azul, las ramas blancas del ciruelo ni se mueven.


Diana Durán, 14 de setiembre de 2026

 

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